Es bien
sabido que Rufino Tamayo es uno de los grandes maestros de la plástica
mexicana y universal del siglo XX. Su vasta obra ha sobresalido, por
un lado, gracias a la excelente fusión entre las raíces
étnicas de México y las tendencias más modernas
de la plástica internacional, y por el otro, debido al extraordinario
manejo del color y la luz; de hecho existe un color que en su honor
lleva el nombre de “rosa tamayesco”. El legado artístico
que dejó este gran autor abarca murales, vitrales, pintura
de caballete y obra gráfica, cuyo alcance es tan amplio que
uno de los museos mexicanos más importantes lleva su nombre.
Rufino Tamayo nace en Villa de Tlaxiaco, Oaxaca, en 1899 y muere a
los 92 años de edad, en 1991 en México D.F. Su formación
la llevó a cabo desde 1917 cuando ingresa a la Academia de
San Carlos, de la cual sale dos años después para convertirse
en autodidacta. A partir de entonces Rufino Tamayo realiza varios
cursos de pintura en México y Nueva York. En 1921, por medio
de José Vasconcelos, ministro de Educación Pública
de esa época, el artista es nombrado jefe de departamento de
dibujo etnográfico del Museo Nacional de Arqueología.
Definitivamente este acercamiento a la estética del arte precolombino
y popular deja huella en el trabajo más representativo de Tamayo.
En una primera etapa, el autor se acerca a la tendencia realista con
una ideología de corte político que definió el
muralismo mexicano de Rivera, Orozco y Siqueiros. Pero ya en 1925,
Tamayo crea su propio estilo con una temática subjetiva, abierta
al espectador, y que habla de la condición humana. A partir
de los años treinta, Rufino Tamayo simpatiza con la corriente
estética vigente en Europa, especialmente con la escuela de
París y sus representantes: Cézanne, Gauguin, Picasso,
Matisse, Juan Gris, Braque, Joan Miró y otros más. La
influencia de estos artistas en la obra de Tamayo se ve incorporada
a la esencia de las formas e imágenes de cultura mexicana para
hablar de temas del hombre y su trascendencia. Es precisamente esta
excelente e interesante combinación la que hace de Tamayo un
artista mexicano con proyección universal.
En 1932, el ya prestigiado autor es nombrado jefe del departamento
de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación
Pública y un año más tarde crea su primer mural
al fresco “El canto y la música” en el antiguo
Conservatorio Nacional de Música. Es en 1953 cuando termina
los murales que hoy se encuentran en el Museo del Palacio de Bellas
Artes de la Ciudad de México.
Gracias a su aceptación mundial, Rufino Tamayo ha tenido gran
cantidad de exposiciones en México y otros países. En
1926 lleva a cabo su primera muestra individual y un año después
expone en el Art Center de Nueva York, E.U.A.; en 1935 en la Galería
de Arte Mexicano de la Ciudad de México, en 1943 en el Museum
of Modern Art de Nueva York E.U.A., en 1950 en la Bienal de Venecia
XXV Edición de Italia, en 1950 en la Galería Beaux-Arts
de París, en 1975 en el Palazzo Strozzi de Florencia, en 1979
en el Museo Salomón R. Guggenheim de Nueva York, en 1986 en
el Zentrum für Kunstausstellungen Albertinum de Alemania, en
1988 en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid,
en 1990 en el Palacio de Velázquez de Madrid, en 1999 en el
Museo Rufino Tamayo de la Ciudad de México, en el 2000 en el
Museo de Arte Moderno de Bogotá, en el 2005 y 2006 en la Galería
La Siempre Habana de la Ciudad de México, sin mencionar las
innumerables exposiciones que ha realizado en el Museo de Arte Moderno
de la Ciudad de México.
La obra de este formidable artista es tan cotizada que los museos
y colecciones de arte moderno poseen ejemplares suyos; sólo
por mencionar algunos están el Museo de Arte Moderno de la
Ciudad de México, Museo Solomon R. Guggenheim Nueva York, Musée
National d'Art Moderne - Centre Georges Pompidou París Francia,
Museo Nacional de Arte México D.F., Museum of Art Carnegie
Institute Nueva York E.U.A., Museo Rufino Tamayo México D.F.,
Art Institute of Chicago Illinois E.U.A. y la Galleria Nazionale d´Arte
Moderna Roma Italia. Siendo un artista de tanto renombre, no es necesario
nombrar los innumerables premios que recibió a lo largo de
su exitosa carrera artística.
Rufino Tamayo, evidentemente, ha llegado a ser un símbolo mundial
de la cultura mexicana.