Indiscutiblemente,
Antoni Tápies es uno de los líderes, si no es que el
líder, del informalismo español. Nace en Barcelona en
1923 en el seno de una familia relacionada con la sociedad influyente
catalana y, por lo mismo, con un nivel sociocultural alto. Su familia
se dedicaba, desde el siglo XIX, a la tradición editorial y
librera. A partir de 1936, Tápies comienza a aproximarse al
mundo del arte y la pintura de forma autodidacta. Sin embargo, una
larga convalecencia ocasionada por una enfermedad pulmonar es el catalizador
de su completo interés por el mundo de la cultura y la historia
de la filosofía, disciplina que condicionará gran parte
de su producción plástica.
A pesar de ello, Antoni Tápies empieza los estudios de derecho
en la Universidad de Barcelona que no concluye, pues a partir de 1945
decide dedicarse por completo a su vocación, las artes plásticas.
Sus primeras obras estarán más enfocadas hacia el expresionismo
y el primitivismo, pero desde aquí se deja notar su interés
por la materia, que en su época de plena madurez y consolidación,
llega a manipularla con una gran variedad de técnicas y procedimientos,
entre los cuales, por su puesto que se encuentra la gráfica.
Hay que destacar que a lo largo de su trayectoria artística,
Antoni Tápies funda en 1948, junto con Ciuxart, Ponc, Tartas,
Brossa y Arnau Puig, el grupo Dau al Set. En 1950 presenta su primera
exposición individual en Barcelona y es merecedor de una beca
de residencia en París otorgada por el gobierno francés.
Ya desde la década de los cuarenta expone su trabajo, el cual
desde temprano destaca en el panorama artístico del momento
y hoy día es uno de los grandes a nivel mundial. Ha expuesto
en los más renombrados museos del mundo y le han sido otorgados
diversos galardones que le han dado la oportunidad de codearse con
las principales figuras del medio mundial del arte. Entre los premios
que ha recibido se encuentran “La Medalla de oro de las artes
plásticas” (1981), el Premio “Príncipe de
Asturias” y “Praemium i Imperiale” (1990), Investiduras
de “Doctor Honoris Causa” por diferentes universidades
y, recientemente, el “Premio Nacional Velázquez de las
artes plásticas” (2003).
A raíz de la II Guerra Mundial y el lanzamiento de la bomba
atómica, en Antoni Tápies se despierta un profundo interés
por la materia, la tierra, el polvo y las partículas, elementos
que plasma en su obra, contradiciendo los principios academicistas.
Estas obras que aluden a la materia constituyen el proyecto del reconocido
artista que sigue desarrollándose hasta la actualidad. Tápies
afirma, asimismo, que sus obras deben entenderse también desde
el punto de vista del misticismo medieval como magia o alquimia que
despierta la parte espiritual del ser humano. La revaloración
de lo considerado “bajo” como la tierra, el suelo o el
polvo, es uno de los puntos centrales de la obra de este talentosísimo
autor.
En el campo de la obra gráfica, Antoni Tápies ha realizado
un gran número de carpetas y libros de bibliófilo en
estrecha colaboración con poetas y escritores como Brossa,
Du Bouchet, Alberti, Bonnefoy, Daive, Foix, Brodsky, Frémon,
Gimferrer, Jabés, Saramago, Octavio Paz, Valente y Zambrano,
Dupin, Mitscherlich, entre muchos más. De igual forma, gracias
a su cercanía a la lectura, filosofía e historia del
arte, el autor ha destacado dentro de la labor ensayista; ha logrado
series de publicaciones traducidas a distintos idiomas como “La
práctica del arte (1971), “El arte contra la estética”
(1977), “Memoria personal” (1983), “La realidad
como arte. Por un arte moderno y progresista (1989), “El arte
y sus lugares” (1999) y “Valor del arte” (2001).
De esta manera queda tangible la completa e interesante trayectoria
profesional de este gran artista español. Su trascendencia
e importancia en el mundo del arte es evidente.